Montserrat Gómez-Osuna




Visiones


La gente siempre ha sentido curiosidad por saber qué se le pasa por la imaginación a un artista cuando está creando. Qué oirá un músico cuando compone, qué sentirá un escultor cuando esculpe, qué imágenes verá un pintor cuando pinta.


Cuando yo sueño, en mi mente aparecen extrañas imágenes, sonidos, olores, sensaciones. Sin ningún control, todas ellas juntas y desbocadas se podría decir, pero sin intervención de la palabra. Siempre, cada vez, me sorprenden por su variedad y su complejidad. Y me hacen imaginar a otras personas sintiendo lo mismo que yo, como público de un espectáculo dirigido a todos los sentidos, compartiendo las imágenes que mi mente crea.

Quizás sea eso ser artista.


No he tenido la suerte de observar a Montse en pleno proceso de creación. De poder ver lo que sus ojos ven, hacia el exterior y hacia su interior, mientras sus manos trabajan. Pero en muchas ocasiones la he podido observar en sus quehaceres cotidianos: mientras lee un libro, mientras escucha una ópera, mientras pone la mesa, mientras riega sus flores. La miro con cierto pudor, buscando los momentos en los que se distrae, descansa, y su mirada se pierde en sus propios pensamientos por unos segundos. Pienso que entonces pueden estar surgiendo en su cabeza las nuevas imágenes que luego compondrán sus cuadros, que las está dando forma, modelándolas, afinándolas, ordenándolas, asumiéndolas.

Cuando después contemplo sus cuadros oigo en las formas que lo conforman los ecos de esos momentos en los que ante ella había hierba, ramas, agua, un pecho, sábanas arrugadas, carne fileteada... Entonces, de alguna extraña manera, me siento instalado en su personal visión del mundo.

Y me ilusiono y me digo que sí, que yo he sido testigo de cómo fueron creadas sus obras, aunque no viera cómo fueron pintadas.


Manuel Robledo